A sus 85 años Antonio, con todo el tiempo libre que le otorga su incapacidad para moverse con facilidad, se deja arrastrar por los laberintos de la memoria y rescata de sus recuerdos aquellos objetos familiares que hoy ya han desaparecido de nuestras casas o de nuestros oficios. Cuando coge un trozo de madera pasa unos días dándole vueltas hasta que, sin decir nada, le vemos con su sierra o su navaja cortando por aquí, pegando por allá, incluso reciclando algún motorcillo de otro juguete… y un día lo pone en marcha ante nosotros y con los ojos brillantes de emoción nos explica su funcionamiento: es un molino de aceite.

Y mientras tanto le escuchamos con avidez conscientes de que ese mundo se irá con él y queremos retenerlo tanto como podamos para entregárselo a nuestros hijos e hijas en herencia.
1 comentario:
Gracias por la visita.
La memoria... esa que nos falla cuando menos debe.
Un blog interesante.
Dime un correo eléctronico y me pondré en contacto.
Saludos.
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